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Paul va a trabajar este verano, de Michel Rabagliati

Paul va a trabajar este verano, de Michel Rabagliati

Tras la belleza de Fresa y Chocolate y la apabullante honestidad de Inverosímil, acabo de tocar techo, de alcanzar la cima, con Paul va a trabajar este verano. La obra de Michel Rabagliati me ha hecho reír, llorar y emocionarme como poquísimas veces me había ocurrido antes, una de esas lecturas que se quedan contigo para siempre, que no se borran de la memoria. Y es que Rabagliati consigue que, desde el principio, nos metamos en la piel de Paul y vivamos sus experiencias como si fueran nuestras. Y sus experiencias no son poca cosa, todo lo contrario, estamos hablando del primer amor verdadero, del primer trabajo, de los primeros reveses emocionales, de las buenas personas, de enfrentarse a las desgracias de los demás sin hundirse, de los primeros pasos hacia eso que llaman madurez y que ni el protagonista ni nadie tiene muy claro lo que es… Hubo un debate en los comentarios de La Cárcel en el que algunos tachaban esta obra de sensiblera, y no puedo estar más en desacuerdo. Si es sensible es porque el protagonista lo es, y sus reacciones no podrían ser de otra forma, son las propias de alguien que ha tenido una vida afortunada y se enfrenta de golpe a unos niños que lo han pasado muy mal y que esperan de él unos días de felicidad. Y bueno, la conclusión  no es desde luego el final feliz que podríamos esperar, es un duro final en el que Paul se da cuenta de que, vale, su vida no está tan mal ahora, pero los mejores momentos, los momentos de verdadera felicidad, son absolutamente irrecuperables, y recordarlos conlleva tanto buenas sensaciones como la triste certeza de que no se volverán a repetir jamás. Una obra maestra.

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