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La dura vida del editor de tebeos

Afirmaba hace unos días Jesús Cuadrado en los comentarios de un post de La Cárcel de Papel respecto al director editorial de la sección de cómics de Planeta, Jaime Rodríguez, lo siguiente: Jaime tendrá presiones, cansancios, limitaciones de empresa, descontrol de grupo... lo que sea, pero no es idiota: ama a la Historieta tanto o más que nosotros (o que alguno de nosotros). Esto, que puede parecer obvio, no lo es tanto, y se podría decir de una gran parte de los editores de tebeos de nuestro país, tanto grandes como pequeños. Es algo que no ocurre de forma tan habitual en otros medios (libros, cine...), donde muchas veces los editores no están ni tan sólo interesados en lo que publican, centrando su atención únicamente en la rentabilidad económica.

Por ello, y por simple educación, creo que deberíamos profesar un mayor respeto por nuestros editores de tebeos. Cuidado, eso no significa que sus decisiones no puedan ser criticadas (de hecho, si hay motivo, deben serlo. Y las críticas y discusiones que suelen desarrollarse en los comments de la La Cárcel son buen ejemplo de ello), pero es que en algunos foros y weblogs las quejas llegan a unos niveles de infantilismo y, por qué no decirlo, mala hostia, totalmente fuera de lugar: que si este editor no publica esto porque no le gusta, que si nos han engañado y estafado porque un producto se retrasa en salir, que si le tienen manía a este personaje, etc, etc, etc...

Insisto, es bueno que los clientes presionen cuando es necesario a los editores para que hagan bien su trabajo, pero me gustaría ver qué ocurriría si uno de esos programadores de televisión que desordena series, quita y pone programas al azar o cambia horarios sin avisar, aplicara sus (no) métodos a la edición de tebeos. Entonces sí que tendríamos motivos para quejarnos...

Las mil y un caras de Conan

Me han dejado bastante frío los dos primeros números de Conan. La Leyenda, la nueva serie de Dark Horse guionizada por Kurt Busiek y dibujada por Cary Nord. Con Busiek siempre me suele pasar lo mismo, parece tener buenas ideas pero no consigue emocionarme o hacer que me interese especialmente por lo que cuenta. Y el dibujo de Nord, pese a no estar del todo mal, no me ha convencido, sobre todo debido a esa nefasta idea de dar color a los lápices directamente, sin entintado. Este es el Conan de Nord:

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Yo, la verdad, tanto en dinamismo como en expresividad, me quedaría antes con el Conan de Barry W. Smith:

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O, por supuesto, con el de Neal Adams:

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Aunque, como bien es sabido, el Conan definitivo, el Conan que todos conocemos y reconocemos, ese es el de John Buscema:

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Italiano para principiantes

Debo reconocer que, aunque molaría mucho más decir que me encantan las pelis de zombis y serie B (ojo, hay algunas que me gustan mucho), lo cierto es que con lo que yo disfruto realmente es con películas como Italiano para principiantes. Y es que confieso también que soy de lágrima fácil y cuando me ponen delante un film sobre tres historias de amor tan bien contadas y tan emocionantes (y sin caer en la ñoñería y el romanticismo mal entendido del cine más comercial), pues me rindo ante él.

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Italiano para principiantes está dirigida por Lone Scherfig, la misma de Wilbur se quiere suicidar, y se encuadra dentro del movimiento Dogma. Cuenta la historia de un pastor que llega a un pequeño pueblo para hacer una sustitución temporal en una iglesia y allí va entablando amistad con algunos de los habitantes del pueblo, sobre todo gracias a unas clases de italiano a las que, por distintos motivos, se van apuntando los protagonistas de la historia.

Qué cara está Europa

Luego dirán que por qué se lee tanto cómic americano, que deberíamos ampliar más nuestro abanico de lecturas... Pero es que aún me duelen los 16 euros que me costaron ayer las 56 páginas de Los combates cotidianos 2. No alcanzo a entender la razón por la que el cómic europeo deba publicarse por decreto en formato álbum, y menos aún entiendo el fracaso de la línea BD que sacó Planeta, a tamaño algo menor y precio muy asequible, ya que era perfecto para tebeos como mi añorado Lapinot o Polstar (no tanto para Los maestros cerveceros o Arq, por su dibujo más detallado).

El cómic europeo tiene tanta variedad de estilos y temáticas como el americano (de hecho, tiene mucha más) y, por tanto, debería disfrutar de una variedad de formatos (y precios) tan amplia como el estadounidense. Porque, por muy bueno que sea un tebeo europeo, si sus precios siguen siendo tan desorbitados los seguiran comprando los cuatro de siempre y el círculo vicioso de "el cómic europeo no vende en España" se prolongará eternamente.

Más lecturas: Gregory, La rebelión de Hop-Frog y Hellblazer

La pila de novedades del Saló va bajando paulatina y peligrosamente, y es que con este calor lo único que apetece es sentarse a leer y moverse lo menos posible.

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Gregory. Atención, porque bajo el modesto aspecto de este tomito en blanco y negro se esconde una auténtica obra maestra. Marc Hempel nos muestra la vida en el manicomio del joven Gregory, aunque éste se ve muy a menudo eclipsado por la genialidad de otros personajes como la inefable rata Herman Mervin o los objetos del cuarto de Gregory (sí, las paredes, la ventana o la bombilla hablan). Bajo un estilo frenético que me ha recordado en algunas ocasiones a la no menos divertida serie de animación Ren y Stimpy, Hempel desliza inteligentes reflexiones en tono humorístico sobre las clásicas cuestiones trascendentales (el sentido de la vida, el miedo a la muerte, la existencia de Dios...). Una maravilla, no os lo perdáis.

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Hiram Lowatt y Placido. La rebelión de Hop-Frog. Es lo primero que leo tanto del reputado David B. como del dibujante Christophe Blain, y la impresión ha sido muy positiva. Aunque la historia sea aparentemente sencilla (los objetos cotidianos cobran vida y se rebelan contra los humanos, a lo que se suma un reducido grupo de indios deseosos de volver a sus orígenes), hay en ella interesantes ideas y algunas metáforas muy acertadas (me ha gustado especialmente un discurso de Hop-Frog acerca de los objetos que remite claramente a los trabajadores). En cuanto al dibujo pictórico de Blain, no puede ser mejor, está lleno de movimiento y vida, y logra que te detengas cada dos por tres para disfrutar de cada viñeta.

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Hellblazer: terceros mundos. Aún me parece increíble haber comprado un tomo de 144 páginas de Hellblazer por 9,95 euros, los malos recuerdos de Norma aún perduran. Este tomo incluye seis números americanos de los que los tres últimos (que forman un arco argumental) son los más destacables. Hay que reconocer que Carey perece conocer al personaje y le mete en las situaciones adecuadas: hechizos, demonios, espíritus... Además, el crescendo en el que parece verse inmerso Constantine hacia una amenaza de proporciones terribles hace que se siga la serie con emoción, a pesar del desigual nivel de los diferentes arcos.

El misterioso y desconocido mundo del manga

No sé si os habrá pasado alguna vez, pero cada vez que entro a una librería especializada, y después de hojear y hacerme con las cosas que me interesan, paso por la sección dedicada al manga, me quedo mirando los tropecientos tomos de llamativos colorines, y me pierdo. Me pierdo totalmente. Así que cojo mi 20th Century Boys del mes y me voy antes de que la estantería se caiga y muera aplastado por miles de shonen, shojos, yaois, hentais, seinen y demás.

Es extraño e intrigante la gran variedad y cantidad de mangas que se publican y, al mismo tiempo, la sensación de ser un sector de aficionados apartados del resto. Es difícil ver a un lector habitual de manga echando un vistazo a las novedades americanas o europeas (aunque los hay), al igual que a los que no leemos demasiado manga no nos pueden sacar de Urasawa, Taniguchi, Toriyama, Tezuka y alguno más. La mejor muestra de ello es la gran cantidad de salones y encuentros dedicados al manga y anime que hay por todo el país y que parecen estar al margen de las habituales citas (Barcelona, Madrid, Avilés, La Coruña...) dedicadas al cómic en general.

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Y la pregunta es: ¿Qué nos estamos perdiendo? Puede que detrás de tanta clasificación por géneros y de los autores más conocidos haya un montón de buenas historias. Claro, se podría decir que para informarse sobre ello hay revistas de información dedicadas exclusivamente al manga, pero he seguido por breves períodos de tiempo algunas de esas publicaciones (Minami, Dokan, Shirase...) y tienen un nivel de fanzinismo y unos artículos en general tan mal escritos que sólo consiguen echarme para atrás.

Un par de lecturas: Se Busca y Marvel Knights: 4

Un par de lecturas: Se Busca y Marvel Knights: 4

La nueva obra de Mark Millar publicada en España, Se Busca, tiene un planteamiento como poco interesante: los superhéroes existieron realmente pero han muerto o desaparecido, y lo único que nos queda para recordarlos son los cómics. No me gustaría desvelar mucho más de la trama, ya que hay constantes giros argumentales, pero yo diría que las mejores bazas de este tebeo son su principio y su final, mientras que el desarrollo central s eme hizo un poco pesado en algunas partes. El principio, porque Millar nos da un buen tortazo en la cara para recordarnos lo alienantes que son nuestras vidas y lo poco que hacemos por cambiarlas, y el final, porque, con un genial arrebato postmodernista, Millar rompe la cuarta pared y, de nuevo, nos muestra con malicia cómo podría ser una vida que nunca tendremos. Sólo por ese final vale la pena leer este tomo. En cuanto al dibujo de J.G. Jones, muy correcto, aunque la sombra de Hitch es alargada.

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Por su parte, el primer número de Marvel Knights: 4 parte también de una premisa atrayente pero muy poco verosímil: Los Cuatro Fantásticos se han arruinado y tienen que buscarse la vida como cualquier ciudadano de a pie. Empezando por que la explicación de la ruina económica está contada a toda pastilla y sin ninguna profundidad ni emoción, me resulta muy poco creíble que Reed Richards y compañía se queden sin un dólar de la noche a la mañana, al menos tal y como está contado aquí, y que nadie les eche una mano (ni Tony Stark, ni Charles Xavier...). Y no me vengáis con que menos creíble es que un ser gigantesco llamado Galactus devore mundos, porque se puede ser perfectamente verosímil dentro de un contexto fantástico, nada tiene que ver la verosimilitud con el realismo. Sin embargo, si nos olvidamos de este aspecto, debo reconocer que el tebeo se lee con agrado y los personajes están bien tratados y resultan interesantes. Y también es destacable el dibujo de Steve McNiven, que se defiende muy bien tanto en escenas espectaculares como en las más intimistas. Creo que le daré una oportunidad al segundo número.

Greg Land hace fotonovelas

Es curioso cómo alguna gente se toma las discusiones más inofensivas como afrentas personales. Hace unos días me vi envuelto en una discusión en un foro acerca del dibujo de Greg Land, más concretamente sobre unas páginas promocionales de Los 4 Fantásticos realizadas por este artista. Afirmé sobre ellas que Land tenía un dibujo estático, nada expresivo y totalmente falto de personalidad, y enseguida se me echó encima un forero tildándome directamente de ser corto de entendederas por no ser capaz de apreciar la supuesta expresividad y genialidad de Land.

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Obviando los términos en que se desarrolló la discusión, lo que realmente me importa es si los dibujantes hiperrealistas son o no capaces de dotar de dinamismo y expresividad, o mejor aún, de narratividad a un cómic. Para empezar, siempre me ha parecido bastante ridícula la opinión de que un ilustrador es mejor cuanto más se acerque al realismo en su estilo, a mí me parece más importante que tenga personalidad y estilo propios (vamos, si se quiere un realismo absoluto es mejor hacer una foto y tan contentos). En el caso de los tebeos es más grave aún, ya que son un medio narrativo y los dibujos de las viñetas no están ahí para quedar bonitos, sino para contarnos una historia. Por ello, usar un tipo de dibujo hiperrealista en un cómic es muy peligroso, ya que se puede caer con facilidad en un estatismo y falta de vida de los personajes tremendos, como es el caso de las mencionadas páginas de Land (donde parece que los protagonistas estén posando para el catálogo de una tienda de moda).

Ojo, se puede ser anatómica y expresivamente realista sin peder fuerza y dinamismo, caso de dibujantes como Alan Davis, Frank Quitely, Bryan Hitch o, aunque ya acercándose peligrosamente al hiperrealismo, Alex Ross y Esad Ribic. Y además, yo disfruto como el que más mirando las ilustraciones de Land y me gusta como portadista, pero como dibujante de cómics, como narrador gráfico, pues no me convence nada, la verdad.

MAX: Punisher. En el principio

Se justificó el paso de la serie de El Castigador (me gusta más el nombre así, en español) a la línea MAX diciendo que Garth Ennis quería tener total libertad para contar lo que quisiera, y sin embargo, aparte del tono más serio de la historia, lo único que cambia es que se dicen algunos tacos más (porque la violencia brutal siempre ha estado ligada a Frank Castle).

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En cualquier caso, Ennis conoce bien al personaje y en esta ocasión trae de vuelta a uno de los secundarios más importantes que tuvieron las series originales de Punisher (recuperadas casi por completo en el coleccionable que publicó Planeta): Micro. Este tipo gordo y con gafas, decidió ayudar a Castle en su particular guerra, más aún cuando su hijo murió a manos de unos criminales. Sin embargo, ya en aquellas series de finales de los 80 y principios de los 90 (The Punisher y The Punisher War Journal) se veía como Micro se distanciaba cada vez más de Castle y de su enfermiza obsesión por hacer justicia por su cuenta. Es por ello perfectamente comprensible que el antiguo compañero del Castigador no vuelva a escena precisamente para darle un abrazo a su viejo amigo, sino para algo bien distinto, lo que demuestra el buen hacer en este aspecto de Ennis.

En cuanto al cómic en sí, es destacable el buen dibujo de Lewis Larosa (a veces se abusa de los efectillos del Photoshop, pero no sé si esto es culpa del dibujante o del colorista), y los seis números se leen con interés y diversión (Ennis logra buenos cliffhangers al final de algunos de los episodios), aunque también da la sensación de que esta historia podría haberse contado en bastantes menos páginas.

Los Muertos Vivientes

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Lo que más me ha gustado siempre de las películas de zombis no son los sustos en sí o la cantidad de escenas gore que contengan, sino la propia situación límite de estar en un mundo destruido, caótico y lleno de peligros y cómo han de relacionarse los pocos vivos que quedan. Vamos, seamos sinceros, ¿que no molaría que ocurriera algo así de verdad? Por supuesto, siempre que nosotros entráramos en el grupo de los supervivientes y no en el de los zombis (que tampoco está mal, ¿a qué sabrá un cerebro?).

En Los Muertos Vivientes: días pasados, Robert Kirkman acierta plenamente al centrarse más en el desarrollo de los personajes y sus relaciones que en el posible terror (algo muy díficil de conseguir en un cómic, aunque algún sustillo sí hay). Si a ello le sumamos el excelente dibujo de Tony Moore, muy expresivo y dinámico, nos queda un tebeo de los que se disfrutan de verdad. De hecho, tras el dramático final de este tomo, estoy deseando saber cuando sacará Planeta el siguiente.

El TMEO ya puede votar

Después de unos días de descanso sin actualizar, ya estoy de nuevo por aquí, y espero que para recuperar de nuevo el ritmo.

Me enteré hace unos días, gracias al blog de Mauro Entrialgo, de que el ya mítico TMEO cumple en su último número, el 84, nada menos que 18 añitos. Es digno de admiración no sólo que hayan llegado a tal edad, sino que lo hayan hecho sin perder su personalidad y su acidez crítica tan molesta para muchos. La verdad es que yo no he seguido la revista de forma continuada, excepto en los últimos tiempos, que procuro no perderme ni un número, pero cada vez que me hago con ella sé que me va a hacer pasar un buen rato y me voy a reir con alguna de sus páginas.

En el TMEO actual colaboran multitud de autores tanto veteranos como novatos, unos más profesionales que otros, pero me gustaría destacar algunos de los que más me divierten:

Mauro Entrialgo: poco que decir de él. Es ya un clásico moderno del cómic español y nunca ha faltado a su cita bimestral con el TMEO.

Ata: un monstruo de las tiras con una capacidad innata para hacer reir con cada una de ellas.

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Piñata: el rey del humor escatológico y visceral. Si no vomitas antes, te partirás de risa con sus historietas.

Javierre: conozco sus tebeos desde los tiempos en que colaboraba en el fanzine LSD. Sus Vallekurros se han convertido en unos personajes entrañables del TMEO.

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Furillo: también en la línea escatológica de Piñata, pero con inconfudible personalidad propia y una gran habilidad para el dibujo.

Abarrots: sus Euskalorros también son ya personajes asentados del TMEO y nos ofrecen una peculiar visión de la juventud vasca.

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En fin, si aún no habéis ojeado nunca el TMEO, dadle una oportunidad. Os aseguro que os enganchará o lo odiaréis, o las dos cosas a la vez.

Crumb

Crumb

Con nada menos que 11 años de retraso, pero por fin he logrado ver Crumb, el documental dirigido por Terry Zwigoff y dedicado al gran maestro de cómic underground norteamericano. Y la experiencia ha sido impresionante. Ver a Robert Crumb dibujando en su hogar, haciendo bocetos en la calle o en un bar o explicando algunas de sus más famosas páginas es algo impagable. Pero más aún lo es verle con su madre y sus extravagantes hermanos (Max y Charles. Leer al final de la película que Charles Crumb se suicidó, tras varios intentos anteriores, un año después de terminar el rodaje me dejó helado. No porque no lo supiera, aunque no me acordaba, la verdad, sino porque a lo largo del film se le acababa cogiendo cariño), verle discutir con sus ex-novias acerca de temas como el significado de su obsesión por las piernas de las mujeres o verle con su casi idílica familia. Un documental imprescindible.

El año que vimos nevar

El año que vimos nevar

Mi tebeo preferido de Fermín Solís es Otra vida, y tras la lectura de El año que vimos nevar, creo que lo sigue siendo. Ya sé que son obras muy distintas. En esta última, el progatonista es un niño, Martín Mostaza (¿el propio Solís?), y se nos cuentan algunas de sus anécdotas en forma de historias cortas. Debo reconocer que El año que vimos nevar me ha entretenido, pero no me ha llegado a emocionar como otras obras de Solís. De hecho, dudo de si me ha gustado porque es un buen tebeo (que lo es) o si me he dejado llevar por la nostalgia que desprenden sus páginas (esas carreras de chapas emulando la vuelta ciclista, esas canicas de mármol, esos dibujos de Sherlock Holmes cuya banda sonora no se borra jamás de la memoria...). Todo eso también lo he vivido yo (aunque soy algunos años más joven que el autor) y por ello me pregunto si no me estará pasando como al público de Cuéntame o de esos programas que recuerdan anuncios antiguos y me estaré dejando llevar por los recuerdos sin ser capaz de valorar el tebeo en sí.

Odio los ordenadores

Estaba escribiendo un texto medianamente largo sobre el éxito de los formatos de bolsillo en los cómics y justo cuando estaba en el último párrafo, el ordenador decide apagarse, él solito, sin ayuda de nadie. Así que, como no tengo ganas de volver a escribirlo, al menos hoy, lo que voy a hacer es cagarme en Bill Gates y dejaros aquí un bonito dibujo de John Buscema sin venir a cuento. Hala, a seguir pasando calor.

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La Serpiente Roja

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El llamado terror oriental es muy diferente al terror al que estamos acostumbrados en occidente, más centrado en el susto rápido y olvidadizo, y este manga de Hideshi Hino es un buen ejemplo de ello. Al pasar las páginas de La Serpiente Roja, es más probable que sintamos náuseas y malestar que miedo propiamente dicho, lo que no supone un defecto, sino todo lo contrario. Hino consigue meternos por completo en esa desagradable y surrealista casa en la que vive el protagonista, hasta el punto de hacernos sentir al mismo tiempo angustia y ganas de saber que ocurrirá a continuación. A ello contribuye poderosamente el magnífico dibujo, tan detallado y voluble que parece que nos vaya a saltar la sangre encima de un momento a otro. Muy recomendable.

Suscripciones

Suscripciones

Nunca he estado suscrito a ninguna publicación, tanto por la costumbre de ir a comprar las cosas al quiosco o librería, como por lo poco que me fío de Correos (sobre todo viendo el estado en que me llegan algunas cartas o todas las que me llegan dirigidas a otros vecinos). Sin embargo, las sección de cómics de Planeta lleva ya un tiempo popularizando y reforzando las suscripciones, especialmente a raíz del nacimiento de los coleccionables. Sin ir más lejos, la suscripción al coleccionable de Batman no sólo adjunta los habituales tomos de regalo, sino que además ofrece la colección encuadernada en bonitos tomos de tapa dura, lo que añade una ventaja más para convecer al posible cliente a suscribirse. Creo que esta es, sin duda, una buena noticia para el mundo del cómic, que se equipara así a todos esas colecciones de mil y un objetos a las que se suele suscribir muchísima gente, y recupera de esta forma su condición de medio popular. Quizá en este caso el que sale perdiendo es el intermediario, es decir, el quiosquero, pero no creo que el número de suscripciones sea tan alto como para afectarle de forma grave.

Coordinación: repitiendo noticias en Tebelogs

Uno de los aspectos mejorables de TEBELOGS (no del portal en sí, sino de los blogs que formamos parte de él) es la constante repetición de noticias e informaciones en diferentes weblogs. Es muy habitual que aparezca una información como "Dan Didio afirma que Superman llevará los calzoncillos por dentro" y que un par de horas después veas en otro blog: "Dan Didio afirma que Superman llevará los calzoncillos por dentro", y que eches un vistazo a Tebelogs por la noche y veas que a lo largo del día diez weblogs han adelantado en primicia que "Dan Didio afirma que Superman llevará los calzoncillos por dentro". No sería criticable en caso de que, a pesar de ser la misma noticia, se aportara una opinión personal o un comentario diferente, pero en la mayoría de las ocasiones lo único que se hace es copiar y pegar la información y a otra cosa mariposa. Por ello, creo que sería conveniente que, antes de publicar algo, echáramos un vistazo a ver si ha sido ya comentado en otros blogs (a veces es inevitable, cuando se publica algo al mismo tiempo) y así no saturar el listado de Tebelogs con quince noticias iguales.

¿Qué pasa con Superman?

¿Qué pasa con Superman?

Si a alguien se echa de menos en el avance del plan editorial de DC que ha publicado Planeta, ése es Superman. Entre una cosa y otra y con el baile de editoriales, he leído muy, muy pocos cómics del hombre de acero, y los pocos que he leído no eran precisamente muy buenos. ¡Y estamos hablando del superhéroe fundacional! ¡Del primero de todos! Espero que Planeta no lo deje abandonado como hizo Norma, porque tiene que haber un buen puñado de buenas historias del hijo de Kripton que nos hemos perdido (por ejemplo, las de Byrne). Y, sobre todo, ¿cómo le explico yo a mi amigo David, que es clavado a Clark Kent, que sus aventuras no se publican en España?

(En la foto, Superman recibiendo un puntapié en su único punto vulnerable)

Seleccionando

Seleccionando

Como bien se está comentando en algunos foros y weblogs, la explosión de novedades que vamos a padecer a raíz de la competencia entre Panini y Planeta nos va a obligar (o mejor dicho, nos está obligando ya) a seleccionar cuidadosamente nuestras compras. Más aún cuando también interesan muchos de los apetecibles y abundantes lanzamientos de editoriales pequeñas como La Cúpula o Recerca.

En mi caso, Panini va a ser la más perjudicada, ya que sólo voy a seguir unas tres series regulares (por ejemplo, ya me he despedido de los X-Men por una temporada tras la marcha de Morrison) y algún que otro tomo suelto de vez en cuando. Todo lo contrario ocurre con Planeta, de la que me interesan muchísimas cosas, sobre todo los clásicos tipo Rip Kirby o Snoopy y casi todo lo que va a ofrecernos de DC. También voy a seguir siendo un buen cliente de La Cúpula, especialmente si sigue al nivel que está actualmente (Joe Matt, Tomine, Hideshi Hino...). Todo esto sin tener en cuenta las cada vez más avezadas propuestas que nos ofrecen otras editoriales independientes y de las que siempre cae algo.

Así que, volviendo al principio, la palabra clave es selección. Se acabaron los tiempos de seguir una colección "por inercia" (debo reconocer que nunca he hecho algo así, no soy muy fiel a ninguna serie y la dejo con facilidad si me deja de gustar) o de preocuparse por el dichoso completismo, ahora hay que elegir en qué gastamos nuestro dinero, y creo que eso es bueno para todos.

El último ladrido de CHUCHO

El último ladrido de CHUCHO

Como ya he comentado varias veces por aquí, Chucho ha sido y es uno de mis grupos favoritos de todos los tiempos. Pues bien, tras su separación, hoy se despiden definitivamente con un último concierto en su ciudad natal, Albacete. Para los que no estamos por allí, se podrá escuchar en directo en internet a través de la web de la emisora Nova Onda a la 1 de la madrugada. Hasta siempre, Chucho.