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Se muestran los artículos pertenecientes a Mayo de 2006.
Efectivamente, por fin puedo volver a poner en marcha el blog con normalidad. Han sido muchos meses de sequía, pero tampoco hay que tomárselo muy a pecho, es posible vivir sin tener un blog, os lo aseguro (lo digo sobre todo tras leer las mini entrevistas a algunos bloggers que aparecen en el diario 20 Minutos, donde se dan tanta importancia a sí mismos y a lo que escriben que provocan bastante ascopena). Bueno, vaya forma de empezar mascando infierno. Seré positivo y miraré el lado bueno: todos los que habéis seguido pasando por aquí y dejando algún comentario de vez en cuando a pesar de las poquísimas actualizaciones, saludos para vosotros. Ahora me toca también a mí pasar por todos esos blogs que tanto me gustan y recuperar el tiempo perdido (lo que no va a ser fácil, acabo de echar un vistazo rápido a algunos y habéis escrito como posesos, arf). En fin, que nos vemos por aquí y por allí y a ver si nos toca a todos la quiniela. (En la foto, técnicos de Teléfonica reparando desaguisados) Reconozco que, quizá pecando de curiosidad, una de las cosas que más me gusta leer en foros y blogs es la lista de colecciones que cada uno sigue. Supongo que es una forma de contrastar intereses y opiniones y de saber si coincides o no con otra gente en tus preferencias. Por ello, yo mismo también disfruto haciendo mi “lista de la compra” y señalando las altas y bajas que se van dando. Toda esta parrafada es sólo para justificar lo que ya es un clásico en muchos blogs: la lista de series regulares que conforma mis compras mensuales actualmente. Vamos allá. Spiderman. Es de esos cómics que uno ya lee por costumbre más que por disfrute. Hace ya bastantes meses que los guiones de Straczinski bordean la mediocridad y, sobre todo, el aburrimiento extremo, tan sólo nos queda esperar que la inclusión en el tomito de Marvel Knights: Spiderman suba un poco el nivel. Daredevil. No me ha gustado nada la renumeración de la colección por parte de Panini, y menos aún el complementarla con la espantosa miniserie de Quesada, pero, en fin, todo sea por Bendis. Capitán América. Hay que reconocer que Brubaker lo está haciendo muy bien, mantiene la tensión y hace creíble a un personaje cuyo nombre aún nos puede sonar hasta ridículo, y qué decir del dibujo de Epting, un auténtico espectáculo. Los Nuevos Vengadores. Ya dije que, pese a todo lo que se ha dicho de Bendis, disfruto con esta serie, así que poco más que añadir. Jóvenes Titanes. Entramos ya en DC, y es que, pese a las mil y una tropelías que está cometiendo Planeta con sus ediciones, mi tendencia clara es a leer cada vez más de la editorial de Superman. Si algo tienen en común todas las series de DC que se están publicando actualmente en España, son los tremendos cliffhangers (toma anglicismo) con los que suele acabar cada número. La serie de los Titanes no es una excepción y cada entrega te deja con ganas de saber qué pasará a continuación. Además, Geoff Johns domina a la perfección la interrelación entre personajes y el dibujo de McKone es más que correcto, con lo que tenemos uno de los tebeos de superhéroes más entretenidos y ágiles de los que se publican en la actualidad. Outsiders. Algo más floja que la anterior, pero con algunos buenos momentos que ya quisieran muchas series. Me ha gustado especialmente el subargumento de Metarmorfo que se acaba de resolver. Flash. De nuevo Johns y de nuevo una colección adictiva y sorprendente a cada entrega. Una serie de las que me recuerdan por qué echaba tanto de menos los cómics de DC. Wonder Woman. Rucka me está desconcertando un poco en esta serie, se alternan las ideas interesantes (ese debate en televisión sobre el libro de Diana, los argumentos que expone Ares…) con momentos ciertamente aburridos, y uno no sabe muy bien hacia donde va todo esto. Hellblazer. Sigo tanto los tomos recopilatorios de material reciente como la reedición mensual de la serie desde el primer número, y ambas son una gozada, aunque es cierto que es más emocionante ver como Delano desarrolla a Constantine desde el principio. 20th Century Boys. Qué decir del mejor tebeo japonés de los últimos tiempos. Según algunos, Urasawa esta alargando demasiado la historia, pero yo ya no puedo desengancharme. Imprescindible. Faltan en esta lista tomos de periodicidad más espaciada en el tiempo pero igualmente apasionantes, como el Animal Man de Delano, Los Muertos Vivientes de Kirkman (¡qué bueno es!) o mi queridísima Strangehaven de Millidge, y también faltan las compras de las editoriales pequeñas (La Cúpula, Recerca, Dolmen…) de las que siempre suele caer algo, pero, como se suele decir, esa es otra historia. El futuro El futuro son algunas series a las que tengo muchas ganas desde hace tiempo y que por fin voy a poder seguir con normalidad, y casualmente son todas de DC. Estoy hablando de las series regulares de Batman y Superman y de las reediciones de Sandman, Predicador y 100 Balas, pero se aceptan más sugerencias y recomendaciones de todo lo que está por venir. Tengo que contarlo, lo siento, pero tengo que contarlo. El pasado viernes acompañé a una amiga a un concierto pomposamente llamado “Los Nº1 de la 100”. Ya sabéis, esa radiofórmula eclesiástica celebraba sus grandes éxitos invitando a tocar a los grupos de moda para quinceañeros y ya de paso se autopublicitaba a costa del apoyo del Ayuntamiento de Madrid. La cosa comenzó con ese tipo que se cree gracioso y que no tiene gracia alguna conocido como El Pulpo: canciones ridículas, bailes absurdos y publicidad, mucha publicidad (daba miedo ver a miles de personas coreando eslóganes publicitarios como si les fuera la vida en ello, fue un auténtico momento George A. Romero). A continuación salió la primera “estrella”, Huecco, ese tipo que aprovechando la moda del reaggetón se ha inventado una parida llamada rumbatón y que es más de lo mismo pero da más grima (¿me explico?). Lo alucinante es que tocó dos (DOS) canciones y se largó. Esa fue la tónica de toda la noche, cada grupo tocaba dos de sus horribles canciones y entre uno y otro El Pulpo amenizaba la velada repitiendo una y otra vez las mismas chorradas. La lista fue delirante: un Melendi haciendo imitaciones del Neng entre canción y canción, unos Cómplices viejunos y apagados y una Chenoa (sí, la de OT) lanzando ridículas puyas a la organización. Eso sí, reconozco que hubo dos actuaciones normales (es decir, con más de dos canciones y sin chorradas de por medio): la de Rosario (sí, amigos, no es que me gustara, pero al menos llevaba una banda decente en directo y le puso ganas) y la de Coti (buena banda de nuevo, pero un aburridísimo repertorio de rock argentino a lo Ariel Rot trasnochado). En cualquier caso, lo que más me indignó fue el olor a negocio que había allí, la música como un simple medio para ganar dinero era lo que transmitían los presentadores del evento, y es que soy un ingenuo. A ver si alguien me consigue invitaciones para el Summercase y al menos veo la decadencia de los abueletes de New Order, cuyas canciones seguirán siendo inmensas por los tiempos de los tiempos (Amén). Empezamos con Fritz (de Barcelona, no confundir con el Fritz andaluz), sin duda el mejor dibujante que pasó por el fanzine. Aunque solía mostrar en sus ilustraciones su interés por lo escabroso y las mutilaciones, también realizaba cómics con un estilo infantil (o naïf, si queréis) que contrastaba con los duros guiones. Este dibujo fue la portada del nº 4 de Base Lunar. Si hace unos días os comentaba por aquí mis compras mensuales habituales, ahora toca hacer la lista del Saló. Y es que ya se acerca el acontecimiento comiquero del año y, como siempre, el alud de novedades que se avecina me produce una amalgama de sensaciones: entre la emoción e ilusión por leer todo lo que viene y el miedo por dejarme la cartera temblando. En cualquier caso, y a falta de saber lo que lanzarán algunas editoriales como Aleta o Recerca, he aquí mi selección provisional de las novedades del Salón de Barcelona (selección abierta a altas y bajas, dependiendo de cómo esté mi economía de aquí a menos de un mes). Recordad que en La Cárcel de Papel podéis consultar la lista completa y los precios. Shenzhen, de Guy Delisle. No me animé con su anterior obra publicada en España, Pyonyang, pero esta me parece, a priori, muy interesante y me gustaría darle una oportunidad. Magic Boy, de James Kochalka. He oído tantas cosas buenas de Kochalka que ya es hora de leer algo suyo. Agujero negro, de Burns. Qué decir de este cómic, Burns es siempre una garantía y si esta es su mejor obra… ¡Oh, genio! El hechizo de Shabbar, de König. Adoro a König tanto como no soporto a la gente que no lee su obra sólo porque está protagonizada por homosexuales. Un poquito de por favor, señores (erm… está frase ya no está de moda, ¿no?). Concrete 1. las profundidades, de Chadwick. Tengo muy buenos recuerdos de este personaje pétreo de cuando aparecía en Cimoc, así que volveré gustosamente a él. Transformers: La nueva generación, de Pat Lee y Chris Sarracinni. Sí, amigos, el toque de frikismo no podía faltar. Son cosas de la nostalgia, pasé tantas horas jugando con los Transformers en mi infancia… (y leyendo sus tebeos, y viendo los dibujos, y jugando a que éramos los Dinobots en los recreos…) Ex Machina 1. Estado de emergencia, de Vaughan y Harris. Aquí tengo mis dudas, estas series con tan buena reputación me suelen acabar decepcionando. Ya veremos. Los muertos vivientes #4: lo que más anhelas, de Kirkman y Adlard. Strangehaven 3, de Gary Spencer Millidge. El derrotista, de Pekar y Haspiel. Una obra de Pekar, me tiro de cabeza a por ella, sin dudarlo. Solo 1, de Tim Sale. Tiene muy buena pinta esta serie de DC en la que autores de prestigio disponen de 48 páginas para ellos solitos. Batman 1, varios autores. ¡La serie regular de Batman, por fin! Ya tenía ganas de seguir al detective de una forma periódica y asequible. Superman 1, varios autores. ¡La serie regular de Superman, por fin! He leído muy pocos tebeos del primer superhéroe, y ya sé que muchos me recomendarán mejor el Superman de Byrne, pero voy a darle una oportunidad a la serie regular. 100 Balas 1, de Azarello y Risso. Primera de las series que me perdí por los precios de Norma y que ahora no voy a dejar escapar. Predicador 1, de Ennis y Dillon. Esta es la segunda de ellas, además Ennis no me suele decepcionar. The Sandman 1, de Gaiman, Kieth y Dringerberg. Tengo bastantes números de la edición de Zinco, pero aún no he leído la serie completa y esta es una buena oportunidad. Otras dos novedades de Planeta que me interesan pero de las que quiero informarme algo más antes de tirarme al río (ya que no sé casi nada de ellas), son La Fuente, de Aronosfky y Williams, y Los detectives muertos, de Jill Thompson. La Dinastía de M, de Bendis y Coipel. Tan sólo una cosa fuera de lo habitual de Panini, y gracias. Habrá que ver si esta saga es tan importante para el Universo Marvel como dicen. Y hasta aquí puedo leer. Esta es mi selección que, a lo tonto, a lo tonto, ronda los 180 euros del ala (uy, uy, uy, ya me veo seleccionando dentro de la propia selección). En cualquier caso, se aceptan y se agradecen otras posibles recomendaciones. Una compañera de trabajo me alertaba ya la semana pasada de que se iba a celebrar el 20 de mayo en Madrid un evento llamado Otaku Expression, dedicado a la cara más friki del mundo del manga y el anime, y que si me animaba a ir, ya que ella iba a pasarse por allí con su novio (no creo que yo finalmente vaya, por cierto). Pocos días después, me entero de que el día 25 de mayo hay otra celebración: el Día del Orgullo Friki (nada más y nada menos), más general y dedicada a frikis de todo estilo y condición. Resulta curioso como el término “friki” ha pasado en unos años de ser algo insultante y tan sólo usado en mundillos muy cerrados, a convertirse en una palabra comodín (y más quemada que hablar de Mazinger Z) que sirve para denominar de forma humorística y casi cariñosa a todo aquel que hace algo un pelín fuera de lo normal. La verdad es que la palabra, y las personas a las que denomina, me produce sensaciones contrapuestas. Por un lado, no me gusta cuando es usada de forma despectiva para reirnos de gente aparentemente asocial u obsesionada por algo. Respeto profundamente a la gente que, por ejemplo, se ha leído 40 veces El Señor de los Anillos (yo ni una) y habla élfico, o a aquellos que se saben de memoria los guiones de la saga de Star Wars, y lo respeto porque me gustan las personas apasionadas por algo (las prefiero a esos seres grises tan abundantes que van del trabajo a la tele y viceversa eternamente y no salen de ahí), y además ¿quién coño soy yo para criticar a alguien por anteponer sus intereses a sus relaciones sociales? Que cada uno haga lo que quiera con su vida. Por otra parte, la palabra friki me resulta simpática, pero me parece un poco absurdo utilizarla de forma tan aleatoria. Es decir, yo leo cómics, ¿es eso un motivo para considerarme friki? Pues no, no me parece algo fuera de lo normal, no sé el número exacto de tebeos de los X-Men que ha guionizado Claremont, no me disfrazo de Batman cuando voy a algún Salón y ni tan siquiera llevo ropa interior con un logotipo de Superman. Sólo leo tebeos. (En la foto… Pues eso) Como ya apunté cuando leí el primer tomo, “Arcadia”, Strangehaven es un pequeño pueblo al que accidentalmente llega nuestro protagonista (o uno de ellos, ya que podríamos decir que es casi una obra coral), un maestro en plena crisis sentimental. Lo extraño viene cuando se da cuenta de que le es imposible salir de allí (todas las carreteras le devuelven siempre al punto de partida) y decide resignarse ante la nueva vida que parece que alguien le esté diseñando a medida (conoce una nueva chica, consigue un nuevo trabajo, traba nuevas amistades... Todo demasiado bonito). A lo largo de ese primer tomo conocimos a muchos de los habitantes de Strangehaven (las relaciones entre ellos son el punto fuerte de este cómic) y nos fuimos percatando de algunos terribles misterios que escondía un lugar tan aparentemente perfecto. En la segunda entrega, “La hermandad”, la trama se complica aún más y las consecuencias de las relaciones entre los mencionados personajes empiezan a salir a la luz. Hay dos momentos en este tomo que me gustaron especialmente: por un lado, la conversación entre Alex Hunter (el protagonista) y el surfista Steve sobre los sentimientos y el sufrimiento por el que se pasa cuando, una vez rota una relación sentimental, te das cuenta de que aún sigues enamorado de esa persona, e intentas que todo vuelva a ser como antes, o que la memoria lo borre y puedas partir de cero, sin conseguirlo jamás, cargando con esa angustia para siempre. El otro gran momento, del que no puedo contar mucho, es en el que Alex vuelve al pueblo tras pasar unos días perdido por el campo. Lo que ve en ese instante no sólo es escalofriante, si no que nos hace replantearnos si todo lo que está ocurriendo y lo que vemos a lo largo de la historia es real o no. En cuanto al dibujo de Millidge (aunque en esta obra la mayor parte del peso la lleva el guión), hay que reconocer que su estilo fotográfico resulta algo estático e inexpresivo en algunas ocasiones, pero no es en ningún caso un mal dibujante. Hay algunas cosas que un aficionado a los tebeos debería ocultar y disimular ante otros lectores, sin embargo, en un alarde de gallardía e imbecilidad sin límites, yo confesaré lo inconfesable. He aquí algunas de mis tragedias: No he ido nunca al Salón del Cómic de Barcelona. No tengo ninguna firma ni ningún dibujito de ningún autor famoso. No compro merchandising relacionado con los tebeos (mi camiseta de Punisher es regalada). Y, lo más vergonzante… ¡Aún no he leído Watchmen! Porque yo también tengo mi corazoncito... Aunque si hay que elegir me quedo con la definición de friki que dan aquí. Seguro que hay ya multitud de reseñas de X-Men 3 en Tebelogs que aún no he leído (prefiero hacerlo después de dar mi opinión), y probablemente, espero y supongo, coincidirán conmigo: menuda decepción. Seré breve. No es que esperara mucho de esta tercera entrega, el cambio de director ya me asustó un poco, pero bueno, dirigir una cinta de acción y darle un buen trasfondo argumental no podía ser tan difícil, más aún teniendo como pauta a seguir las dos partes anteriores. Pues sí que era difícil, sí. En X-Men 3 asistimos a una infumable sucesión de peleas, acciones absurdas y muertes sin ningún tinte dramático, todo ello sin desarrollar mínimamente bien las dos tramas principales (la cura y Fénix Oscura) y con una falta de emoción y tensión alarmantes. La mayoría de personajes están ahí sólo para soltar un par de frases y dar algunos puñetazos (como Coloso), y al final te acaba importando bien poco lo que hagan o dejen de hacer. Me aburrí, eso es lo más grave, me aburrí mucho, tanto que estaba deseando que se acabara la película de una vez (¡que estamos hablando de los X-Men!). Sólo me sacó del sopor la batalla final, bien llevada y muy fiel a todas las que hemos podido leer en viñetas), pero una película no es sólo una suma ingente de efectos especiales, es algo más, ese algo más que le supo dar Singer y que el tal Brett Ratner se carga en sólo una película. Espantosa, de verdad, una de las peores películas que he visto. Hay que advertir a los que dejaron la nueva edición de Animal Man que está editando Planeta tras la etapa Grant Morrison que se están perdiendo algo muy bueno. Acaba de publicarse el segundo tomo de la etapa de Jaime Delano, que completa el arco argumental “Carne y sangre”, y las sensaciones tras leerlo no pueden ser más positivas. Delano, tras un comienzo arrollador matando al protagonista de la serie, nos ha llevado a lo largo de estos dos tomos a través de un viaje a la esencia de la vida, de la naturaleza y, en definitiva, del ser humano y sus congéneres animales. De una forma poética, al tiempo que terrorífica en ciertos momentos, y para nada pretenciosa, hemos asistido a lo peor y lo mejor de lo que es capaz el ser humano, a una historia de amor más allá de la muerte y a una crueldad más allá de lo comprensible. Y todo ello acompañado del meritorio dibujo de Steve Pugh (unos guiones como estos no tuvieron que ser fáciles de plantear en viñetas) y de las impresionantes portadas de Brian Bolland. Una de esas ocasiones en las que me doy cuenta de porqué me gustan tanto los cómics. El número 6 de la serie regular de Wonder Woman ha sido la gota que ha colmado el vaso. Dejo la colección. Me resulta extraño decirlo después de la ilusión con que recibí la noticia de que Planeta publicaría DC y de las ganas que tenía de volver a leer tebeos de esta editorial, pero todo tiene un límite. En esta sexta entrega de Wonder Woman concluye el primer arco argumental de la etapa de Greg Rucka, y no podía hacerlo de peor forma. En un absoluto anticlímax, vemos como Diana se enfrenta a Vanessa en la pelea más aburrida y peor dibujada y narrada (Drew Jonson tiene delito) que leído en mucho tiempo. Llevaba dudando de Rucka desde el segundo número de la serie, pero pensaba que con todos esos vaivenes nos quería llevar a algún sitio… Pues no es así, el final del arco es tan poco sorprendente y vulgar como me temía. El cómic lo completan tres historias breves que pretenden homenajear etapas pretéritas de la amazona (la edad de oro, la edad de plata…), pero que se quedan sólo en sosos pastiches sin gracia ni interés alguno. Así que dejo la serie, al menos por ahora, quizá me reenganche cuando empiecen los eventos relacionados con las Crisis, pero ahora mismo no merece la pena. |